lunes, 17 de agosto de 2015

Descubriendo mis pasiones – Parte 1: La docencia.

Todo comenzó con mis padres, cada año seguíamos el mismo ritual a principios de septiembre. Mi madre se encargaba de que tuviese todo el material necesario, y no tan necesario pero vital para una niña como yo; mis bolis de colores (morado, rosa, turquesa…) un estuche con todo tipo de compartimentos, el  nuevo mecanismo de corrector, la carpeta de moda… Una vez llegaban los libros, los recibía con una gran ilusión y los ojeaba entusiasmada, ¿qué cosas nuevas iba aprender?

Era mi padre el que se sentaba conmigo cada año y abría el libro de matemáticas por el índice para ver qué conceptos iba a ver por primera vez a lo largo del siguiente curso. Recuerdo de manera nítida cuando me tropecé con un elemento llamado fracción. ¿Qué era aquella cosa tan extraña con dos números separados por una barra? El día anterior a comenzar el tema mi padre me dio las primeras nociones sobre este concepto y tras la explicación en clase, ya todo era coser y cantar.

Sin embargo, no le ocurrió lo mismo a la gran mayoría de mis compañeros. Y es entonces cuando, alrededor de los 9 años, hice mis primeros pinitos como maestra. Antes de comenzar el siguiente día de fracciones, mis compañeros se quejaban de que no habían podido terminar los deberes porque no entendían nada. Se lo expliqué lo más simple que pude, tal y como me lo había enseñado mi padre el fin de semana anterior.  Me miraban asombrados, como si hubiesen descubierto todo un mundo nuevo. Aquello fue una gran sensación para mí, y el comienzo de mi pasión por la enseñanza.

Consejo: escúchate, ¿Qué te apasiona hacer?

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